China utiliza el fútbol para ‘colonizar’ Latinoamérica

  • El país usa el deporte rey como vehículo para acuerdos más ambiciosos
  • Varios partidos de su selección van de la mano con importantes pactos
  • Se trata de una versión 2.0 de la ‘diplomacia del ping-pong’ de los 70
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Partido amistoso entre China y Colombia. Imagen: Getty

El fútbol se ha convertido en un nexo de unión entre China y América Latina. No se trata de una relación exclusivamente deportiva, sino de una mucho más compleja. El balompié, de acuerdo con una vieja estrategia del país asiático, es ya un vehículo para llegar a pactos de otro tipo con los diferentes territorios del continente sudamericano.

Se trata, en definitiva, de una copia del proyecto ‘One Belt, One Road’ para establecer vínculos económicos, comerciales y políticos con los países de Europa, África, Asia y EEUU. Al quedar la región fuera de esta zona de influencia, para Latinoamérica aparecen los ‘Cinco Principios’, muy parecidos a los que vertebran el primer proyecto. Punto en el que aparece el deporte rey como instrumento para ayudar a mejorar la imagen de China, que aprovecha su capacidad de involucrar a casi todos los sectores de las distintas poblaciones. El fútbol es universal y China quiere ser todavía más universal.

Forbes repasa los últimos movimientos de China en la región. En 2017, el país firmó acuerdos con Brasil y Colombia. Con los primeros, aunque la cooperación futbolística copaba las atenciones, por detrás surgieron otras sociedades en materia de energía. Lo mismo sucedió en tierras cafeteras, cuando las selecciones colombiana y china se enfrentaron en un partido amistoso que sirvió de telón para el interés del Gobierno de Xi Jinping en ampliar la influencia comercial sobre uno de los puertos de Colombia. El resultado del partido, un claro 4-0 para los locales. En todo caso, una goleada ventajosa para los perdedores (deportivos).

La tendencia ha continuado en 2018, año en el que China ha ‘colonizado’ Uruguay con la creación en Montevideo de un Instituto Confucio, una institución concebida como mucho más que un simple órgano cultural y que se entiende casi como un medio político. Una manera de llegar al país charrúa que se produjo tan solo dos meses después de una coincidencia poco casual: un torneo de fútbol que reunió, en las mismas fechas del cierre del acuerdo, a China y Uruguay, además de a República Checa y Gales.

El fútbol conduce negocios y política

El patrón, por lo tanto, se repite. El fútbol conduce los negocios y la política (y la diplomacia, ya que las tres van dadas de la mano) y lleva a situaciones extrañas: desde el comienzo del siglo XXI hasta 2013 China se encargó de construir diferentes estadios de fútbol por el continente sudamericano y el Caribe…en países en litigio con Taiwán. Para muestra, un botón: China llegó a gastar hasta 85 millones de euros en un estadio en Costa Rica, empleando mano de obra propia.

Sin embargo, esta impronta de instalaciones deportivas no deja de ser un señuelo. La acción del gigante asiático no supone riesgos extra comparada con su desempeño en la construcción de otras infraestructuras y proporciona un alto nivel de visibilidad.

En todo caso, y echando la vista atrás, el modo de actuación chino tiene un precedente: el de la década de los 70, en la que el tenis de mesa pudo atenuar las relaciones con EEUU. La ‘diplomacia del ping-pong’, propiciando la apertura de contacto entre países tras dos décadas de embargo estadounidense, triunfó y consiguió lo que por aquel entonces parecía un imposible: que Richard Nixon, presidente de EEUU, visitase el país ‘enemigo’ en 1972. Todo un triunfo conseguido con el deporte de por medio.

Casi medio siglo después, China emplea un viejo método para sacar adelante sus propósitos. Solo ha cambiado las palas por el balón.

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